miércoles, 1 de abril de 2009

Un día de trabajo

Ángela Urdaneta, comerciante de 33 años:
“No vendo a mis hijos porque no puedo”

Todos los días a las 7:15 am, la señora Ángela se dispone a salir de su casa en su automóvil. Es una atractiva mujer, alta, delgada, de ojos negros; y vestida con su uniforme de pantalón y chaqueta verde, y el carné que identifica la empresa en la que trabaja: Óptica Médica Venezolana, Lic Ángela Urdaneta, ejecutiva de ventas.
Comienza el día de trabajo a la misma hora de siempre. Esta vez, la particularidad es que lleva consigo a un pichón de periodista quien pasará todo el día con ella para observar su día de trabajo. Salimos de su casa en su toyota corolla rojo del año 1990; junto con su hijo Gabriel de cuatro años, rumbo a la escuela del niño.
En el camino Gabriel comienza a jugar con un adorno que se encuentra colgado del vidrio del carro mientras que su madre le dice: “Gabriel, deja eso. ¡Hey, te hablé, te dije que dejes eso!” —Mientras tanto el niño sólo reía y seguía jugando. — “¡Coño, ya lo rompiste! Siéntate y no te pares más.”
A las 7:25 am, deja al pequeño en la escuela, y con dos maletas llenas de ropa, un neceser con bisutería y un pequeño portajoyas con prendas de plata, que van en la parte trasera de su auto, en vez de ir a su lugar de trabajo, se dirige a vender la mercancía.
Pero antes, para cerciorarse, hace una llamada telefónica.
—Aló, Chicha, ¿Cómo estás? Mira, ¿Ya estás en el salón? Bueno, voy para allá.
Al escuchar eso le pregunte si no iba a trabajar y me dijo: “¿Acaso esto que estoy haciendo no es trabajar? Además, con esto gano más que yendo todos los días a la oficina.”
Al mirar de nuevo su carné le pregunte desde cuando es licenciada, porque, hasta dónde sé, si acaso ha pisado una universidad. Y riendo me respondió: “bueno, eso es para que tú veas.”
Llegamos al salón de Chicha, y mientras ellas se saludan, yo bajo las maletas.
—Te traje una ropa qué está como pa` vos. — Le dice a chicha
—Aja, sácala para ver. — Le respondió.
En ese momento Ángela recibe la primera llamada del día, era su jefe, que le hace un interrogatorio porque no sabe dónde se encuentra, y de inmediato ella se excusa diciéndole que está entregando el pedido de algunos clientes y que en cuanto pueda irá a la oficina.
Urdaneta y su amiga pasaron toda la mañana escogiendo ropa y prendas. Lo que más se escuchaba era a la señora Ángela diciendo: “esta es la tuya”, “aquí está la cadena pa` esa blusa.”
A golpe del mediodía. La comerciante y yo salimos del salón y fuimos a su casa a almorzar. Luego de la comida y un descanso, partimos, a la 1:35, y nuevamente en vez de tomar el rumbo a la óptica fuimos a un sitio distinto. En esta oportunidad nos dirigimos a la tienda Makro.
Ángela me dice que ahí todo es más rápido porque ya saben lo que van a comprar, pero que debe aumentar los precios: “porque aquí tienen más cobres”, y que al terminar vamos a la óptica. Al llegar entramos por la parte trasera de la tienda y fuimos a una de las oficinas del personal administrativo. Las horas pasaron prácticamente igual: habían varias mujeres escogiendo ropa y prendas para finalmente comprar algunas. Como aquí hay más gente la ágil vendedora toma su agenda para anotar el nombre y monto de lo que compra cada una.
Luego de un rato entra a la oficina otra clienta quien al ver la cantidad y variedad de mercancía le dice a Ángela: “Mija, pero ya vos no halláis que vender” y ella muy fresca y con una sonrisa responde: “Ay, yo no vendo a mis hijos porque no puedo”.
Pero mientras las mujeres compran suena nuevamente el teléfono de Ángela, es nuevamente su jefe, a quien le ve la cara de tonto otra vez diciéndole que está en el banco depositando los cheques que recibió en la mañana.
Casi a las 5 salimos de Makro y la productiva comerciante luego de vender casi un millón de bolívares dice que se va a su casa. Por lo que le pregunté si en definitiva no va a trabajar y me dijo que al día siguiente haría todo lo que tiene pendiente.
—¿Dónde te dejo?
—Déjame donde puedas, pero sino es mucha molestia que sea en mi casa.
Así termina el día laboral y no precisamente luego de cumplir horarios […]
xxx
Arnoldo Coy
Febrero de 2007

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